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El P. Feijóo.- La religión cristiana podrá gloriarse de ser la única que ha poblado el cielo de bienaventurados, pero no podrá rehuir la nota de que, por haberse apartado del camino que le trazara su divino Fundador, ha cubierto la Tierra de sangre humana. ¡Apartemos el pensamiento de tan repugnantes escenas!

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