PEDRO CONTINUADOR DE LA OBRA DE JESÚS

Defensor del Deísmo, Cristianismo verdad y del Espiritismo filosófico. Publicó su obra en Barcelona 1880-1915. Basó su filosofía, teología y su moral en los Atributos Divinos: Amor, Paz, Caridad, Bondad, Misericordia y Justicia todos en grado infinito. Defendió el liberalismo y la libertad de conciencia. Da a conocer al Antecristo y la verdadera Ley de Dios. Fue conocido anteriormente por LA CABAÑA Y EL JESUITA BLANCO

Biografía del Autor y foto

Obra de Pedro continuador de la obra de Jesús

Finalidad de la publicación

Breve biografía del autor y foto

Pedro Vallejo Garnica es el autor de los trabajos publicados en esta Web; nació en Villalacre, partido de Villarcayo, provincia de Burgos (España), el día 29 de Abril de 1834.

A los 18 meses quedó huérfano de madre y a los tres años de su padre.

A consecuencia de los malos tratos recibidos por sus tutores, entró como mendigo en el colegio que los frailes Escolapios tenían en Villacarriedo, provincia de Santander, donde permaneció durante los años 1850 y 1851, en dónde le enseñaron a leer y a escribir.

Entró en el Cuerpo de Carabineros en el cuartel de Irún, se casó el 8 de Marzo de 1858, y el 5 de Septiembre de 1870 se traslada a Barcelona (España).

En esta ciudad de Barcelona, en el año 1880, inicia sus estudios filosófico y teológicos, y como sentía el deber de dar a conocer todo lo que le fue dado ver, oír y comprender del más allá, inició la publicación de sus conocimientos adquiridos firmándolos con los nombres de:
La Cabaña, entre los años 1880 y 1895,
El Jesuita Blanco, entre los años 1895 y 1904, y
Pedro continuador de la obra de Jesús, entre los años 1904 y 1915.

Pedro Vallejo Garnica falleció en Barcelona el año 1915.

Su inquietud espiritual quedó ya manifestada cuando se encontraba en el colegio de los frailes Escolapios, pues él mismo relata, cuando le obligaban a meter en el cerebro y al pie de la letra la doctrina del Padre Astete donde se enseña el cielo y el infierno eternos, por ello dice: En una ocasión en la que tres reunidos nos hallábamos estudiando tal materia, empezamos a preguntarnos uno a otro el parecer sobre las maneras de comprenderlo, sin que el desarrollo intelectual de los tres fuera bastante para ilustrarnos uno a los dos, y acudimos a uno de los frailes que por su gran bondad merecía nuestra confianza. Grande fue su admiración al dirigirle nuestra pregunta sobre el particular, y nos contestó: ¿No sabéis que los artículos de fe mandan creer lo que no vimos? ¿A dónde vais a parar con vuestro querer penetrar? Mas viendo que nosotros no nos conformábamos, nos abrazó a los tres juntos y regando nuestras mejillas con el raudal de lágrimas que salía de sus ojos, nos habló de esta manera: ¡Hijos míos! Cuan grato me es abrazaros por esta causa, mas cuánto amarga a mi corazón el no poder iluminar vuestras almas; y extendiendo su vista y brazos a lo alto, dijo: ¡Padre! Permite que no falte al juramento que un día hice, aunque sé que falto a la caridad más grande; mas te ruego ilumines las inteligencias de estos mis hermanos, para que en igual caso ellos no cometan esta falta. Luego, repuesto de la sorpresa que nuestra pregunta le había causado, nos despidió de la mejor manera, pues también nosotros nos hallábamos afectados, pero sin hacer la aclaración que le habíamos pedido; sin embargo, nosotros nos convencimos de que había un gran misterio, y por su parte La Cabaña se propuso descubrirlo.

Queremos resaltar dos cuestiones importantes sobre estos trabajos publicados y que son mencionados por el Autor en su obra:

Ratificamos y nos hacemos responsables de todo el atraso que puedan obtener los que sigan el camino que queda trazado en nuestros cortos escritos, como invitamos a pronto juicio a todos los que llamándose religiosos o deístas y con mala voluntad, nos han rechazado y perseguido por negar esa misma divinidad de que alardean tanto. Nuestra venida a la Tierra no tuvo otro objeto que restablecer la ley divina recomendada por el que llamáis Cristo y el lenguaje espiritual; venimos y servimos de instrumento, y hoy que volvemos a dejar de ser tales, no nos es permitido seguir siendo desterrado; debemos pasar a ocupar nuestro puesto para que el músico ocupe el suyo.

Mis enseñanzas no son propiedad particular de ninguno; todo el que quiera puede transcribirlas textualmente para beneficio del género humano, nunca para el propio.

Enlace: Foto de Pedro continuador de la obra de Jesús


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Pedro Vallejo Garnica - El jesuita Blanco - Breve biografía